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Opinión

El mundo se acaba

Por PDK

PDKEse es el título de un vallenato compuesto por Teodoro López, de la dinastía de los López, de La paz-Cesar, que grabó el cacique de la junta, Diomedes Díaz en el año 1992 y dice: “Yo estoy seguro que el mundo se va a acabar, dice la gente que esa es la realidad.

El mundo se acaba compa’ el mundo se acaba, el mundo se acaba compa’ el hambre nos va a matar…

¡Ay! Dios mío esta vida si está cara y la plata ya casi no se consigue, ¡ay! Dios mío borracha situación y la carne la veo en televisión…”

En las calles de la ciudad escuché esta canción que como premonición volvió a cobrar vigencia en estos últimos días en que anunciaron e hicieron efectivo el alza de la gasolina, aumento que seguramente afecta toda la economía del hogar, de la región y del país.

Cuesta pensar que un plátano esté entre los $1.000 y $1.500 pesos; que ya no se pueda decir “vale huevo”, porque también está costoso, el producto de la consorte del cantor matutino.

Parecería una exageración, pero en nuestro país, aun en nuestros pueblos, en algunas familias se cumple la explícita letra de la canción en donde la carne, al igual que muchos productos de la canasta familiar solo se ven por televisión.

Cada día es más y más difícil nuestra realidad y triste, peor aún, es que nos hemos acostumbrado o incluso desgraciadamente resignado a vivir así.

Además, la canción nos recuerda las amenazas tantas veces proferidas o las mal llamadas profecías que han anunciado el fin del mundo, no sabría decir cuántas veces he escuchado que se va acabar bajo el título de apocalipsis, dicho sea de paso, un escrito mal entendido, pues este es un libro de esperanza y siempre lo presentan como el acabose de la desesperación.

También se dijo que el fin sería en el año 2000, 2012, 2015 e incluso en el 2020, conocemos muchos que se endeudaron por esta absurda creencia, y lastimosamente algunos hasta se quitaron la vida.

Es verdad, la vida se acaba.  He visto fallecer a muchos de todas las edades, colores, géneros, tipos y fenotipos. Algunos con esperanza de partir, otros con la ilusión de seguir en este mundo que cada día convulsiona por nuestros egoísmos y forma particular de administrar lo poco que tenemos.  Por no superar ese deseo de grandeza y reconocimiento e incluso de ser temidos y generar terror en medio de los pueblos más indefensos sometiéndolos así a los antojos particulares.

Es así como en medio de estas realidades del encarecimiento de la vida, en donde parece que todo se mueve por el dinero y por la catastrófica irresponsabilidad de no cuidar nuestra casa común, causando desequilibrios en la naturaleza y ocasionando el famoso cambio climático, que quiero proponerle tres acciones que podemos realizar sin necesidad de invertir ni un solo peso y lograrlas antes que nos alcance el fin del mundo.

Auscultar:

Escuchar el universo, los sonidos de las aves y hasta el canto del gallo.  Los que hemos tenido la oportunidad de estar un tiempo retirados del ruido ensordecedor sabemos que se experimenta una paz y una tranquilidad inimaginable.

A algunos hasta les cuesta escuchar su propia respiración. Prestar atención a tus seres queridos, sentarse y tomar una taza de café o si tienen una totuma en donde sabe más sabroso y poder conversar de todo.  Compartir anécdotas y cuentos con   los que quieres es seguramente uno de los placeres que no tiene precio. Tristemente la tecnología, en diversas ocasiones, nos ha robado ese espacio y tiempo para atender y conocer las realidades de los cercanos, para hacernos felices. ¿Cuánto tiempo dedicas para auscultar en tu familia?

 Apreciar:

Qué maravilloso es poder tener la capacidad de apreciar lo que nos rodea sin quejas ni recriminaciones.  Valorar la lluvia, el sol, una mariposa, un pájaro, contemplar la luna, e incluso y por qué no un murciélago. Querer lo minúsculo nos da la capacidad de proyectarnos en mayúscula, recuerdo que cuando estaba más pelao´, me quedaba viendo a las hormigas cómo trabajaban, que disciplina, como hacen sus “tareas” en equipo.

No en vano, un anciano sabio me enseñó que cuando aprendes a apreciar la naturaleza o lo que está a tu alrededor, empiezas a vivir mejor, porque lo que Dios ha creado es perfecto y tiene un orden que siempre da alarmas para que vivamos correctamente. Las lluvias, las tormentas, las tempestades, los temblores siempre son avisados o percibidos con tiempo por los animales o la misma naturaleza.  ¿Hace cuánto no te detienes a apreciar lo que está a tu alrededor?

Afectivar:

No sé si exista esta palabra, pero por si las moscas en mi diccionario propio la defino como la acción de brindar afecto, esto incluye, decirlo y hacerlo.

Hoy se habla de la abrazoterapia, la gente incluso paga porque le den un abrazo no obstante tiene en casa tal vez la mejor medicina: recibir un beso, un abrazo del esposo o esposa, hijos, hermanos, padres en fin… esos “apapaches” que curan el alma como los abrazos de los abuelitos. Qué maravilloso es poder recibir y brindar afecto, darle un beso a ese ser que amas y poder mirar a la persona que llevas tatuada en el corazón y que esa mirada hable a gritos, es algo que no cuesta, pero vale mucho.

Ojalá nunca te pase que cuando ya no sientan o no puedan oírte tus seres queridos, porque han muerto, tú quieras gritarles el te amo que no le dijiste en vida, o abrazar un cajón que no transmite nada. No dejes pasar el tiempo, expresa el cariño ahora, recíbelo y vive la felicidad. ¿Qué te detiene para ser afectuoso o cariñoso con los tuyos?

Aprecia lo que hay a tu alrededor, ausculta tu propio ser y brinda afecto a los tuyos, pues amor con amor se paga. 

 

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