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Foto ilustrativa tomada de Internet.

Opinión

Parálisis mental

Por: PDK

PDK

Muchas cosas no se dan en nuestra vida, por no soñarlas ni pensarlas
asiduamente. Los filósofos griegos empezaron a descubrir el mundo porque tenían una capacidad de asombro, de admiración increíble, que los llevaba a mirar más allá del universo sensible y visible.
Tuvieron teorías y pensamientos que en el día de hoy parecen una locura; por
ejemplo, pensaron que el origen del mundo, conocido como el arjé, era el agua,puede sonar descabellado, pero así lo llegó a concebir Tales de Mileto, por su ubicación geográfica y su gran capacidad de curiosidad.
No en vano dijo Albert Einstein: “La imaginación es más importante que el
conocimiento. El conocimiento es limitado y la imaginación circunda el mundo”.
Por eso, hemos escuchado que los límites solo están en nuestra cabeza.
¿Cuántas veces le dijeron al mismo Einstein que sus propuestas y teorías no eran posibles o lo llamaron desquiciado por pensar diferente?, ¿cuántas personas se han dejado limitar por lo que los demás piensan o incluso por lo que creen?, seguro son muchas, ¡muchísimas!
En la sociedad en que vivimos encontramos a diario un mayor número de
artefactos y realidades que van creándonos dependencias, muy seguramente
buscando superar las generaciones pasadas. Es común ver a padres que se
esfuerzan en “darle” mayor seguridad a los hijos y terminan sobreprotegiéndolos a tal punto que forman niños, adolescentes y jóvenes dependientes, e incluso en muchas ocasiones cuando se llega a la edad adulta aún siguen pegados a la cuna. Ciertamente es muy bacano seguir en el “hotel mami”, pero no podemos negar que no miramos más hacia el futuro y el horizonte por no desprendernos de ese entorno en que siempre hemos estado y queremos estar.
Kierkegaard dijo: “la vida no es un problema que deba resolverse, es una realidad que necesita experimentarse”, y en esta experimentación siempre hay historias maravillosas para contar y otras que preferimos reservar. Unas que gritamos a los cuatro vientos y otras que están guardadas en la caja fuerte del corazón y la memoria. Cada uno vive su historia y carga con sus realidades, pero lo más importante es no dejarte limitar por nada, ni por nadie, sino tener planes y proyectos claros, definidos, para saberlos defender y no caer nunca en una “parálisis mental”.
Defino la parálisis mental como aquella que nos trunca los planes, que no nos deja avanzar hacia la felicidad, la que nos roba los sueños y hace que nuestra vida se estanque. Una persona que se deja anquilosar, lastimosamente vemos hombres y mujeres así, es la que no se atreve a crear, no tiene iniciativa, capacidad de innovación ni deseos en hacer algo diferente a lo que todo el mundo hace, es por esto que quiero proponerte tres factores de riesgo ante esta enfermedad.
 Miedo:
Según dicen los estudiosos los miedos se transmiten y en ocasiones podemos
comprobar cómo algunas cosas tan simples nos llevan a la fobia, al miedo en exceso, por ejemplo, cuántas personas vemos que no hacen algo por miedo al
fracaso, miedo al qué dirán, por a no ser lo que otros esperan que seas.
Los miedos hay que ir venciéndolos poco a poco, no es fácil, algunas veces se
necesita incluso de ayuda profesional. Particularmente creo que cuando aprendes a confiar más en Dios estos miedos van desapareciendo, porque ÉL es la defensa de mi vida, nada ni nadie me hará temblar.
 Mal:
Son tantas las cosas que vemos, algunas nos obnubilan, pero la invitación es a no dejarnos vencer por el mal, antes bien hay que vencer el mal a punta de bien, solo será posible si en tu corazón está el amor de Dios, si en tu vida está la claridad de la intensión radical de hacer el bien, porque muchas veces el problema no es de actuación sino de omisión.
El mal nos paraliza cuando no nos deja decidir con sindéresis, cuando preferimos callar o no opinar para evitar meternos en problemas. En Colombia hemos pasado por situaciones de profundo dolor porque dejamos que el mal se apodere de nuestras palabras y decisiones limitando así nuestra libertad.
 Muerte:
Hay una historia que aprendí hace mucho tiempo y quiero compartir: en un vuelo de la aerolínea Nelly, viajaban diferentes personajes, católicos, musulmanes, negros, indios, blancos, hindúes, heterosexuales, homosexuales, en fin, de todos los olores, colores y sabores. De pronto, sobrevolando el Polo Norte el avión se averió, y tocó hacer un aterrizaje forzoso. A cada pasajero le dieron ropa para el frío y un madero. Luego de caminar unas horas por ese tremendo frío, empezaron a notar que oscurecía y arreciaba el clima, se dieron cuenta que la única manera de subsistir era haciendo una fogata o una candela, pero cada uno de estos personajes se aferraba más y más a su madero y decía el blanco: por qué tengo que poner mi madero ¿pa´que se caliente ese negro?, que lo ponga él primero, y así pensaba el negro, el católico decía por qué tengo que poner el madero yo ¿pa’ que se caliente ese musulmán? y el musulmán igual. Al cabo de unas horas todos estaban con su madero bien agarrado en sus manos, pero muertos por la hipotermia, ellos no murieron de frío, ellos ya habían muerto por dentro…
Hay dos realidades entorno a la muerte:
1. Cuando te dicen sobre una realidad que puede pasar y que de hecho debe
pasar por ser algo natural o connatural al ser humano, personas que se
dejan paralizar por esta situación de riesgo y no luchan más por cambiar,
por seguir adelante.
2. Pensar en la realidad interior de nuestra vida, porque en muchas ocasiones
estamos actuando como zombi, parecemos inertes, perdemos el interés por
todo y dejamos de ser, seres vivos, dinámicos y bendecidos.

No te canses de soñar, de proyectar tu vida, no te dejes vencer por el mal, supera
tus miedos y déjale a la muerte llegar en el momento indicado.

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