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Por PDK.

PDK

Los seres humanos somos sociales por naturaleza, para bien o para mal siempre estamos buscando unirnos a otros y alcanzar así los objetivos y las metas propuestas, por ejemplo, en algo tan sencillo como la necesidad de procrear, de formar una familia, siempre se necesita más de uno para lograrlo.

Por eso, muchas veces hemos escuchado que la familia es la célula fundamental de la sociedad y en ella podemos descubrir la diversidad y la cohesión de todo lo que en el mundo existe.  Es allí donde además de aprender los patrones de comportamiento, reconocemos las figuras de autoridad, pues descubrimos quién gobierna o manda en nuestros hogares; asimilamos la obediencia y la ordenanza.

En esta ocasión, recurro a un escrito que encontré en la biblioteca del Banco de la República para entender este proceso de gobernabilidad:

“Las familias se agruparon para ayudarse mutuamente en la recolección de alimentos y en la defensa de otras familias; a esto se le llamó tribu.  En aras de una organización, era necesario escoger a alguien que se hiciese cargo del gobierno y usualmente era escogido entre los más sabios, los más viejos o los más fuertes.

 Estas tribus, con el paso del tiempo, fueron creciendo en población de modo que algunas se unieron para gobernar a otras tribus más pequeñas y débiles. De este modo, el gobernar a toda la sociedad se hizo cada vez más difícil, ya que, a la muerte del gobernante, se desencadenaban guerras para definir al sucesor dando surgimiento a las dinastías y los linajes con los cuales el jefe del clan, antes de morir, podía designar a quien lo sucedería en el mando (en la mayoría de las ocasiones el elegido era el primogénito del gobernante).

 Hace unos 9000 años se crearon las primeras ciudades por lo que las dinastías se convirtieron en monarquías. El poder era ejercido por un rey o monarca, el pueblo era considerado súbdito y tenía la obligación de pagar tributos al rey. Estas sociedades eran llamadas Estados, los cuales, al expandir su poderío a otras regiones, se convirtieron en imperios.

Por la misma evolución inherente a la sociedad, en Grecia, la política tuvo una gran transformación al ser la cuna de la democracia, lo que implicó que el gobierno no fuese ejercido por un rey o jefe sino por un consejo que era elegido entre los ciudadanos. Siglos después, los romanos la invadieron y a pesar de que trataron de establecer la democracia como forma de gobierno, ésta terminó degenerando en dictaduras.

 Después de la caída de los imperios Romano y Griego, la democracia fue olvidada y las personas con poder político y militar conformaron una nueva clase: la nobleza, que estaba integrada por los dueños de grandes territorios.  Por su parte, el resto de la población era sierva y se encargaba exclusivamente de trabajar la tierra. Este periodo duró casi 1000 años, durante los cuales la política estuvo casi muerta hasta que en los siglos XV, XVI y XVII nace una nueva clase: la burguesía, que no estaba de acuerdo con el poderío de la nobleza y reclamaba un derecho de oportunidades para todos los hombres. Esta inconformidad dio lugar a la Revolución Francesa, e impuso de nuevo la democracia en el mundo Occidental.”

 (http://enciclopedia.banrepcultural.org/index.php/Origen_de_la_pol%C3%ADtica_en_el_mundo).
d0238c8e-c186-4209-bcaa-2b893405d24eA través de este cuadro, podemos ver la evolución o involución que hemos tenido en la realidad de cómo se ejerce el gobierno en nuestros pueblos dirigidos siempre por las mismas familias que como en las tribus impera la ley del más fuerte. En donde los linajes y las dinastías siguen vigentes con los delfines políticos, título que, aunque se remonta al año 1349, con los conocidos “delfines de Viena”, es actual, muy actual. De igual forma, vemos un estado donde el pueblo es considerado súbdito bajo el mando de imperios que quieren arrasar con las culturas, la economía y el bienestar social, o tal vez en la nobleza o la burguesía, donde solo tienen voz quienes poseen dinero y tierras, ante esto qué bueno sería volver a pensar en la democracia.

Por eso he pensado que la realidad política del país es como la letra H, todo el mundo sabe que existe, pero pocos sabemos cómo utilizarla.  Reconocemos que hay unas normas, pero al momento de escribir se nos olvida emplearla, por tanto, no es lo mismo hola, que una ola.

Parecería que en la gobernabilidad cualquiera podría estar, que el liderazgo que hay que tener puede ser ejercido por quien quiera. Es urgente y necesario que quienes estén al frente de nuestros departamentos, ciudades y pueblos, sean personas prusianas, con valores claros y definidos, que tengan habilidades y competencias referenciales, que puedan llevar al desarrollo y el bienestar de todos.

Es importante saber que cada pueblo tiene como gobernante lo que en las urnas ha escogido, por eso como la h que es muda, también nosotros podemos pasar por mudos o ignorados.

Quiero proponer tres características dentro de las muchas que un gobernador, un líder debería tener:

HACEDOR:

Podríamos recordar a Lope de Vega, quien nos enseñó que: “obras son amores y no buenas razones”, hay personas que tienen muy buen discurso y manejan una labia impresionante, pero como diría el refrán popular: “del dicho al hecho hay mucho trecho”.

Por eso necesitamos líderes que, en vez de ufanarse y vanagloriarse, hagan el bien, busquen la manera de gestionar obras y de sacar nuestras comunidades adelante.  Seres que no lleguen al poder amparados en tantas promesas, sino más bien, que puedan ejecutar y llevar a término lo que realmente sirve y necesita el pueblo.

 HONESTIDAD:

El diccionario de la real academia nos dice que una persona honesta es decente o decoroso, recatado, pudoroso, razonable, justo, probo, recto, honrado. Por eso, la honestidad hace referencia a un conjunto de atributos personales en la forma de ser y de actuar; además, es un valor fundamental para entablar relaciones interpersonales basadas en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo

El equilibrio que debe tener al tomar decisiones e implementar estrategias, le darán la fuerza para hacer las cosas correctamente y así vivir con la paz interior que necesita toda persona para saber gobernarse a sí misma y luego poder gobernar correctamente al pueblo que le elige.

HUELLA: 

Dejar la impronta es signo de un ser humano maduro, que marca la historia de un pueblo.  Hay personas que suman, otras restan y lastimosamente algunas dividen y no dejan ningún tipo de aprendizaje. Tristemente las tres pueden dejar huella, pero el verdadero líder está llamado a dejar en alto su servicio y su entrega por los demás.

Es así como, forjar las futuras generaciones con el buen nombre y ser punto de referencia por un sabio liderazgo, siempre dará la posibilidad de tener una hoja de ruta para que el progreso siga y que los más pequeños deseen seguir creciendo para ser cada día mejores.

Helige con sabiduría para que nuestros pueblos avancen, líderes que sean Hacedores, Honestos y que dejen Huella.

 

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