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Opinión

Inteligencia emocional en tiempos de pandemia

etetete-408x465Por Carlos Avalos, Lic. en Filosofía – Gestión y Administración de la Educación.

Invitado internacional ZM

La ciencia ya ha demostrado de muchas maneras que ser inteligente es mucho más que poseer un coeficiente intelectual alto, tampoco el solo rendimiento académico. Gracias al avance del estudio de distintas disciplinas científicas y en especial de las neurociencias, hemos caído en cuenta de que ser inteligente es un modo de ser, de pensar, de actuar, de gestionar lo que nos sucede. Y en esto ha sido muy valioso el entender que poseemos inteligencias múltiples y que dentro de ellas la inteligencia emocional, y específicamente la inteligencia social son medulares para el desarrollo de la vida.

Podemos afirmar que la inteligencia emocional es la capacidad de conocer y gestionar las emociones que nos suceden tanto en lo intrapersonal como en lo interpersonal. Esto adquiere un valor significativo en tiempos de pandemia, de cuarentena, donde nos toca atravesar existencialmente la incertidumbre y en especial la emoción que se hace presente en ella: el miedo y la consecuencia de ese miedo: la ansiedad y la vivencia subjetiva de ésta: la angustia…

Muchas personas están transitando este tiempo con miedo, con ansiedad, con angustia. Y esto no tiene solo que ver con el escenario que nos toca vivir, que sin duda es una referencia, sino fundamentalmente con nuestra interpretación de los acontecimientos. Esa interpretación se basa en la materia de la que alimentamos nuestros pensamientos; si alimentamos este tiempo con noticias de desasosiego, con las palabras de los “profetas de calamidades”, con los “pronosticadores de desgracias”, muchas veces presentes en nuestros hogares a través de los medios de comunicación, seguramente nuestra interpretación de la realidad será esa.

Miraremos el mundo con desconfianza y con temor y más allá de los cuidados totalmente necesarios, de las distancias, de todas las medidas de prevención, blindaremos nuestra mente y nuestro corazón a la posibilidad de entender esta crisis como tantas otras; como una oportunidad para el crecimiento personal y familiar de revalorización de nuestros vínculos y en especial de la lectura de esta circunstancia que nos tiene que devolver mejores, más humanos, con sentido y pertenencia nueva de comunidad global. Gestionar nuestras emociones es enfrentar nuestros miedos, ponerles nombre; es decir, tomar conciencia, gestionar nuestros pensamientos limitantes, sentir nuestras debilidades y fortalezas y actuar. Solo se abandona un pensamiento tóxico con acción positiva. Si hay algo que nos enseñó esta pandemia es que “cuidándome cuido al otro”, que no solo hay que aplaudir sino “cuidar al que cuida”, por eso tenemos que estar atentos a las situaciones causantes de ansiedad, pasar del preocuparse al ocuparse, sin evasión ni activismo.

Y cuando esto pase, porque “esto también pasará”, traeremos al recuerdo lo vivido en este tiempo tan difícil y tan desafiante, y podremos mirarnos a los ojos más centrados, más sensibles, más humanos… y renacerán los abrazos postergados.

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